Las políticas públicas estadounidenses y la crisis en el desierto de Arizona

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Published on: December 2, 2022

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A medida que el número de muertos en la frontera crece, organizaciones de rescatistas voluntarios se han tomado la responsabilidad de ir a las áreas más peligrosas para buscar a personas desaparecidas. En esta investigación, examinamos por qué los voluntarios, que carecen de financiamiento fuera de sus propios recursos, asumen este trabajo peligroso. Mientras, el presupuesto multimillonario de la Patrulla Fronteriza aumenta cada año.

TUCSON, Arizona. Entre las interminables colinas y valles del desierto de Sonora, adornado con altísimos saguaros, tunas y choyas cubiertas de púas, miles de personas que intentan migrar a los Estados Unidos desde México han perdido la vida, tratando de cruzar este tramo de la frontera de Arizona.

Se han registrado más de ocho mil muertes en la frontera sudoeste desde 1998, según la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. De los nueve sectores de la agencia en la frontera sur, el de Tucson, que cubre la mayor parte de Arizona, ha acumulado la mayor cantidad de muertes. Cuatro de cada 10 muertes registradas en la frontera sur han ocurrido aquí. Algunos expertos consideran que las estimaciones de muerte del gobierno federal no son confiables.

“Simplemente no sabemos cuántas muertes de migrantes ocurren en un año determinado”, dijo Daniel Martínez, codirector del Instituto Binacional de Migración de la Universidad de Arizona.

El gran tamaño y la dificultad del terreno en la frontera son factores clave que inciden en la cantidad de muertes entre quienes cruzan la frontera cada año. El Desierto de Sonora tiene más de 100 mil millas cuadradas (unos 259 mil kilómetros cuadrados) y se extiende desde el norte de México y Baja California hasta el sur de Arizona, así como una pequeña parte de California. El calor agobiante lo convierte en el desierto más cálido de los Estados Unidos, donde las temperaturas pueden alcanzar casi los 120 grados fahrenheit (unos 49 grados centígrados).

Los expertos consultados para esta investigación dicen que las políticas de inmigración del gobierno de Estados Unidos crearon esta crisis mortal y que estas muertes no tienen por qué ocurrir. Una red de activistas, voluntarios, organizaciones sin fines de lucro y académicos comparten la misión de llenar los espacios donde creen que el gobierno federal se ha quedado corto. Señalan décadas de políticas que han empujado a los migrantes a cruzar por las partes más peligrosas de la frontera.

Durante años, grupos de búsqueda y rescate, que se financian con su propio dinero y donaciones, han ayudado a las familias a encontrar a sus seres queridos que desaparecieron en el inhóspito terreno del desierto. Si bien la Patrulla Fronteriza tiene su propio brazo de búsqueda y rescate, la agencia también se atribuye el mérito de los rescates realizados por estos grupos de voluntarios.

*Entre los nueve sectores de la Patrulla Fronteriza de EE. UU. a lo largo de la frontera suroeste, el sector de Tucson, que cubre la mayor parte de Arizona, ha tenido la mayor cantidad de muertes acumuladas. Desde el año fiscal 2002 hasta el 2013, Tucson encabezó la mayor cantidad de muertes por año. Desde 2014, el sector de Rio Grande Valley en Texas ha superado a Tucson con la mayor cantidad de muertes por año. Los datos para esta historia fueron obtenidos por Futuro Investigates a través de solicitudes de información y registros públicos. El análisis y visualización de datos fue realizado por Daniela Guazo y Daniel Gómez Hernández del Centro Fronterizo de Periodistas y Blogueros.

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Un problema de décadas

A pesar del clima inhóspito, durante años una miríada de migrantes ha probado suerte tratando de cruzar a Estados Unidos.

“En el pasado, tal vez la gente pasaba algunas horas cruzando la frontera entre Estados Unidos y México”, dijo Martínez. “Hoy en día, no es raro que demoren varios días”.

Martínez, profesor de sociología, ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar inmigración, criminología, raza y etnicidad. Explicó que, en el pasado, quienes intentaban cruzar a Estados Unidos usaban rutas conocidas y más seguras que pasaban por grandes ciudades como San Diego o El Paso.

Luego, en 1994, la Patrulla Fronteriza adoptó una medida destinada a frenar la inmigración indocumentada. La estrategia fue respaldada por el entonces presidente Bill Clinton y se le conoce como “Prevención a través de la disuasión”. El gobierno aumentó el financiamiento a la Patrulla Fronteriza y el número de agentes apostados en las rutas comunes por las que había más tránsito de migrantes. Se establecieron bloqueos en las carreteras y aumentaron el número de patrullas, para dificultar el cruce de personas. Luego, llegaron más fondos para el muro fronterizo. Hoy, la Patrulla Fronteriza tiene un presupuesto anual de unos cinco mil millones de dólares.

Martínez y otros que estudian la migración dicen que el aumento de muertes de migrantes ha sido una consecuencia directa de políticas como ‘Prevención a través de la disuasión’. Dijo que siempre han existido muertes en la frontera, pero no en la misma escala o extensión”.

Agregó que quienes han establecido estas políticas públicas han reconocido, en documentos del gobierno, que es “probable” que ocurran muertes de migrantes.

“Entonces, no solo se anticiparon las muertes de migrantes, sino que se predijeron”, dijo.

*La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos ha registrado casi tres mil muertes en el sector de Tucson desde el año fiscal 1998. Tucson representa casi el 40 % de todas las muertes registradas en la frontera suroeste. Debido a la inmensidad del desierto y la velocidad con la que los restos pueden descomponerse y ser dispersados ​​por las presas, se desconoce el verdadero número de muertes en el desierto. El análisis y visualización de datos fue realizado por Daniela Guazo y Daniel Gómez Hernández del Centro Fronterizo de Periodistas y Blogueros.

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Muerte en el desierto

Para aquellos que cruzan la frontera, el viaje puede terminar de tres formas. La primera es un cruce “exitoso”, donde la persona sobrevive al desierto y llega a su destino en Estados Unidos. Otra forma es cuando la persona es detenida y deportada. Una más, es cuando la persona migrante muere.

Varias organizaciones de defensa de derechos humanos como Humane Borders (Fronteras Compasivas) y No More Deaths (No Más Muertes) dejan bidones con agua en el desierto, para ayudar a detener la cantidad de muertes entre quienes cruzan. Humane Borders ha trabajado con funcionarios de los gobiernos locales en la frontera. Buscan que se les permita establecer depósitos de agua permanentes, que puedan llenar e inspeccionar cada semana. Otros grupos caminan hacia áreas remotas del desierto para dejar garrafas de agua y kits de primeros auxilios en los sitios donde han sido reportadas la mayoría de las muertes.

Para la Patrulla Fronteriza, una de las soluciones para ayudar a detener las muertes en el desierto ha sido instalar balizas de rescate. Son unos imponentes postes de diez metros de altura con una luz en la parte superior. Oficialmente, estas balizas deben ser visibles a millas de distancia por quienes cruzan la frontera. En la base de la estructura, hay un cuadro con un botón rojo que las personas pueden presionar para solicitar ayuda.

La Patrulla Fronteriza dijo que las balizas son una herramienta humanitaria. Sin embargo, en los postes no hay ninguna indicación de que estén asociados con una agencia del gobierno. Allí tampoco hay agua, que podría ayudar a una persona deshidratada. Si una persona activa el botón y llega un agente, ese migrante es deportado.

A lo largo de la frontera en el suroeste estadounidense se han desplegado unas 160 de estas balizas. La Patrulla Fronteriza insiste en que hay miles de activaciones cada año, aunque no está claro cuántas de ellas conducen a rescates. Además, según la agencia, esos botones rojos ya no se presionan tanto como antes, ya que muchos de quienes cruzan la frontera tienen teléfonos celulares.

Los migrantes que tienen teléfonos, pueden usarlos para llamar al número de emergencia, 911. Sin embargo, por ley, esas llamadas deben redirigirse a la Patrulla Fronteriza. Los operadores les piden a los migrantes que esperen en línea mientras transfieren las llamadas. En ese tiempo, a veces se quedan sin agua, o se les acaba la energía de su celular, según expertos que consultamos para esta investigación.

Futuro Investigates obtuvo el audio de varias llamadas al 911. Los interlocutores eran personas que estaban perdidas en el desierto, entre junio y septiembre de 2021. La decisión de publicar estas llamadas generó una profunda discusión interna en nuestro equipo. El principal argumento para no publicarlas se centró en que, potencialmente, estas llamadas resultarían traumáticas para algunos oyentes. También, consideramos que algunos seres queridos podrían reconocer a sus familiares, especialmente aquellos que aún se encuentran desaparecidos. Buscamos en fuentes abiertas datos de contacto de los familiares o de las personas que llamaron, pero no los encontramos.

Al final, nuestras productoras ejecutivas decidieron publicar las llamadas, porque las consideraron de alto interés público, como un esfuerzo por mostrar en voz de los propios migrantes su experiencia en el desierto.

Durante las llamadas, los operadores del 911 mantenían en espera a los migrantes que pedían ayuda. Algunas personas llamaron varias veces. Otros, finalmente fueron encontrados por la Patrulla Fronteriza. Unos más no fueron localizados, según la Oficina del Sheriff del Condado de Pima.

Un informe del grupo de defensa de derechos humanos No Más Muertes cuestionó cuánto hace realmente la Patrulla Fronteriza cuando los migrantes llaman angustiados. El informe analizó más de dos mil llamadas, entre 2016 y 2018, que recibió la Oficina del Sheriff del Condado de Pima y transfirió a la Patrulla Fronteriza. No Más Muertes halló que, durante años, la mayoría de las llamadas de emergencia se cortaron una vez que se transfirieron a la Patrulla Fronteriza.

El informe compara la respuesta de la Patrulla Fronteriza con las solicitudes de ayuda que recibe la Línea de Crisis de Derechos Humanos de Migrantes Desaparecidos. Esta iniciativa comunitaria es atendida por voluntarios. Ayudan a familias quienes buscan a sus seres queridos. Según el informe de No Más Muertes, de cada tres llamadas que este grupo de voluntarios transfirió a la Patrulla Fronteriza, dos no condujeron a ninguna misión de búsqueda y rescate.

Aunque la Patrulla Fronteriza promueve su trabajo humanitario en sus redes sociales y en comunicados de prensa, los datos muestran que las personas esperan ayuda y, en la mayoría de los casos, quedan varadas en el desierto.

*Estas llamadas han sido editadas para mostrar algunos momentos destacados. El análisis y visualización de datos fue realizado por Daniela Guazo y Daniel Gómez Hernández del Centro Fronterizo de Periodistas y Blogueros.

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Un problema insuperable

A lo largo de la frontera hay diversas jurisdicciones locales. El trato que reciben los restos de los migrantes fallecidos depende en gran medida de dónde se encuentren. Para muchos activistas, la Oficina del Médico Forense del Condado de Pima es el estándar de oro sobre cómo procesar y registrar los restos. En las últimas dos décadas, esta oficina con sede en Tucson ha manejado más de tres mil 600 casos.

La oficina también tiene una alianza con la organización Humane Borders, que cuenta el número de muertes en el desierto. Muchos expertos dicen que este mapa es más completo que los registros de la Patrulla Fronteriza.

Algunos documentos oficiales, y nuestro análisis, parecen confirmar esta visión. A principios de 2022, la Oficina de Responsabilidad del gobierno estadounidense publicó un informe que reveló que la Patrulla Fronteriza no recopila, registra ni informa al Congreso datos completos sobre las muertes de migrantes. Por ejemplo, el informe del año fiscal 2020 de la Patrulla Fronteriza al Congreso no contenía datos completos sobre las muertes de migrantes.

*Las estadísticas de muertes que registró la Patrulla Fronteriza son distintas a las que recopiló Humane Borders, una organización sin fines de lucro enfocada en salvar a personas que cruzan el desierto. A través de una asociación con la Oficina del Médico Forense del Condado de Pima, la organización mantiene un mapa de muertes de migrantes. Muchos expertos dicen que la Patrulla Fronteriza no es transparente en la forma como registra los datos de las muertes. El análisis y visualización de datos fue realizado por Daniela Guazo y Daniel Gómez Hernández del Centro Fronterizo de Periodistas y Blogueros.

Robin Reineke, antropóloga de la Universidad de Arizona, ha trabajado durante muchos años en temas fronterizos. Dijo que tiene dudas sobre el recuento oficial de muertos. “¿Cuántos (fallecidos) se necesitarán antes de que un gran sector de la población estadounidense se preocupe de que las personas estén perdiendo la vida y sus cuerpos se estén descomponiendo en el desierto?”, señaló.

Sin embargo, Reineke reconoce que un registro histórico es una forma de honrar y respetar a los muertos, a sus hijos y familiares.

“Contamos (a los muertos) para que (los familiares) entiendan: lo que sucedió a sus padres no fue culpa de ellos, no fue culpa de su familia, no fue culpa de sus padres. Fue una cuestión política”, dijo.

Reineke fundó el Centro Colibrí de Derechos Humanos y lo dirigió hasta 2019. Esta organización ayuda a identificar a las personas que han muerto en la frontera y reúne sus restos con sus seres queridos. A menudo, Colibrí es el último recurso para los familiares de los desaparecidos, que no han obtenido respuestas del gobierno de Estados Unidos y están desesperados.

Muchas familias se enteran del trabajo de Colibrí a través de las redes sociales y el boca a boca. El proceso de admisión comienza con una llamada de una hora, por teléfono, con quienes están buscando a los suyos. Durante ese tiempo, Mirza Monterroso, directora del programa de migrantes desaparecidos en el centro, trata de obtener información básica sobre los desaparecidos.

“Por lo general, cuando llaman están muy angustiados”, dijo. “Pero también es un momento para escuchar a la familia y dejar que se expresen”.

Monterroso está acostumbrada a lidiar con temas graves. Antes de trabajar en Colibrí, laboraba como arqueóloga, excavando fosas del genocidio guatemalteco. Sin embargo, aprender sobre la belleza y la brutalidad del desierto de Arizona ha sido un nuevo nivel del horror.

“Me sentía culpable por tener un plato de comida o tener una manta para cubrirme sabiendo que tal vez a unas pocas millas de distancia hay personas durmiendo en el suelo y muriendo (en el desierto)]”.

Para Perla Torres, directora de la red familiar de Colibrí, el hecho de que su trabajo exista habla de la falta de rendición de cuentas sobre las muertes en el desierto.

“Es realmente increíble que nadie más esté atendiendo las llamadas de estas familias. Este no es un tema nuevo”, dijo Torres sobre las muertes en la frontera. “Esto no es algo que ha venido de una sola vez. Sigue sucediendo”.

Reineke, la antropóloga, considera que no solo hay leyes que empujan a las personas a la muerte y desaparición, sino que también hay políticas para dificultar la búsqueda de información de los desaparecidos.

“(Los familiares) no tienen acceso a varios sistemas de búsqueda que están disponibles para alguien como yo”, dijo. Por ejemplo, Reineke explicó que es casi imposible para las familias presentar una denuncia policial sobre la desaparición de un ser querido. Algunas veces, las familias deben viajar al estado donde desapareció la persona para presentar la denuncia. Para seres queridos en el exterior, esto es básicamente imposible. Para Reineke, el hecho de que una pequeña organización como Colibrí pueda hacer pruebas de identificación de restos por ADN es algo fenomenal.

“Existe una intención masiva y poderosa para borrar y desaparecer a esta población. Es un milagro absoluto que podamos encontrar a alguien”, dijo.

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Una oportunidad para cerrar

Además de ayudar a las familias a superar los trámites burocráticos para obtener sus restos, Colibrí también crea espacios para que las familias se organicen y entiendan que su pérdida es un problema de derechos humanos.

En 2018, Reineke lideró un grupo de antropólogos, activistas y familias que abogaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En la audiencia, que se centró en las personas desaparecidas en los cruces fronterizos, las familias testificaron ante agencias como el FBI y la Patrulla Fronteriza.

El propósito de la audiencia fue tratar de persuadir a las agencias federales para que cooperen con organizaciones sin fines de lucro como Colibrí y agilicen el proceso de identificación de los restos. El proyecto incluye comparar muestras genéticas que grupos como Colibrí han recolectado con muestras no identificadas en bases de datos del gobierno federal estadounidense, como CODIS, o el Sistema de Índice Combinado de ADN.

“Hasta hoy no hemos podido hacer eso”, dijo Reineke, “pero esa audiencia fue un paso en la dirección correcta”.

Reineke también agradeció que las familias pudieran mostrar fotografías y compartir historias de sus seres queridos frente a funcionarios federales, para que “vivan con la conciencia de qué significa priorizar su interpretación de las políticas sobre vidas humanas”.

“Es un lugar hermoso y sagrado”, dijo Reineke sobre el desierto de Sonora. “Ha sido un uso incompleto de este paisaje, utilizarlo como una herramienta para matar”.

Hay formas de sobrevivir en este hermoso pero difícil paisaje, agregó. “Pero desafortunadamente, la mayoría de los inmigrantes no tienen ese privilegio”.

Colibrí organiza rituales de duelo y funerales para las familias, después de que se realizan las pruebas de ADN. Torres, quien dirige la red de familias, dijo que estos eventos brindan un momento de cierre. Lo que más la sorprende de su trabajo es cuán agradecidas están las familias cuando logran una confirmación de ADN.

“Las familias agradecen tener una respuesta”, agregó Torres. “Incluso si esa respuesta, desafortunadamente, ha sido la muerte”.

A pesar de lo devastador que resulta confirmar la muerte de un ser querido, una coincidencia de ADN significa un cierre.

“Es lo mínimo que podemos hacer para realmente ayudar a alguien a sanar”

* Julieta Martinelli, Maria Hinojosa y Jess Alvarenga contribuyeron con este artículo. Foto de portada por Jess Alvarenga/Futuro Media. 

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